La contingencia causada por COVID-19, entre muchas consecuencias, ha incrementado el desplazamiento, el desarraigo y la necesidad de muchas personas de abandonar sus hogares para buscar mejores oportunidades de vida para sus familias

 

Cada minuto, veinticuatro personas en algún lugar del mundo lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o condiciones de terror. Según cifras del ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados), actualmente puede haber cerca de 80 millones de personas refugiadas, desplazadas o apátridas alrededor del planeta. De ellas, aproximadamente la mitad son desplazadas internas, desarraigadas dentro de sus propios países.

Además, el último año, la emergencia sanitaria causada por COVID-19 ha implicado una amenaza más para las personas refugiadas y desplazadas. La coyuntura actual, sumada a las continuas y sistemáticas situaciones que desatan el racismo y la xenofobia, prende una alarma urgente respecto a la necesidad de seguir trabajando arduamente en la construcción de un mundo más inclusivo e igualitario.

Esta población en situación de vulnerabilidad está conformada por víctimas de guerras civiles y conflictos armados, amenazados por su religión, perseguidos por su orientación sexual, mujeres que huyen de la mutilación genital, violaciones y abusos sexuales, niños soldados forzados a tomar las armas, víctimas de traficantes de trata de personas, esclavos sexuales o niñas obligadas a casarse.

Esta situación también es alarmante en México. En el primer trimestre de 2021, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), registró cerca de 22,600 nuevas solicitudes de asilo. Esto representa un 31% más que en el primer trimestre de 2020 y un incremento de 77% respecto al mismo período en 2019. Marzo de 2021 marcó un máximo histórico para las solicitudes de asilo mensuales: alrededor de 9,100.

 

La mayoría de los casos de asilo están relacionados con personas de países centroamericanos víctimas de diversos tipos de violencia como amenazas a su vida, reclutamiento forzado, extorsión, violencia sexual y asesinatos.

Las personas refugiadas y desplazadas suelen enfrentar serias dificultades para recibir atención médica cuando se enferman, encontrar trabajos dignos y justamente remunerados y escuelas para sus hijas e hijos, así como un lugar donde vivir y ser respetados, e incluso, espacios para socializar y divertirse. Para luchar contra la exclusión social, educativa, laboral y la discriminación que sufren las personas migrantes, cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de la Persona Refugiada.

Inversión Social de Nacional Monte de Piedad se suma a esta fecha instaurada para honrar, visibilizar, ayudar e incluir a las personas refugiadas y desplazadas. Consiste en un día dedicado también a enaltecer el coraje y la resiliencia de quienes se han visto forzados a dejar su espacio para buscar mejores alternativas de calidad de vida para sus familias y reconstruirse desde cero y en condiciones muchas veces adversas.

El Día Mundial de la Persona Refugiada, cuyo lema para 2021 es “Juntos nos cuidamos, aprendemos y brillamos”, tiene como uno de sus principales objetivos fomentar la movilización de recursos y la voluntad política en cada territorio para trabajar en la protección de los derechos, necesidades y sueños de las personas refugiadas, y procurarles oportunidades para la prosperidad.

 

 

 

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