Inversión Social de Nacional Monte de Piedad hace un llamado urgente a las  organizaciones de la sociedad civil, iniciativa privada y sociedad en general para reducir el desecho de alimentos y prevenir sus implicaciones sociales y medioambientales

 

Es errado pensar que el hambre es causada por la falta de alimentos. El verdadero problema radica en la gestión y distribución equitativa de los mismos entre toda la población. ¿Cómo creer que la mitad de la producción de alimentos en el mundo termina por no ser consumida? Cada año, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), se desperdician los alimentos cultivados en el 28% de las tierras cultivables del mundo.

 

En México, la situación también es desalentadora: la FAO calcula que desperdiciamos al año alrededor de 20 millones de toneladas de comida, que nadie consume y que significa una pérdida de alrededor de 400 mil millones de pesos. Según el reporte del Banco Mundial ‘Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en México’ de 2018, el alimento que más se desperdicia en el país es la tortilla. Cerca de 30% de la producción, casi 3 millones de toneladas, se desecha.

 

Además, se desperdicia principalmente jitomate, papa, carne de res, mango y manzana (cerca de 3 millones de toneladas al año, en conjunto) y 40% del total de la producción de uno de nuestros productos estrella, el aguacate, acaba cada año en botes de basura. Al menos 312 toneladas no son consumidas por nadie.

 

¿Por qué sucede esto? Por sobreproducción, falta de infraestructura adecuada conservación de productos (por ejemplo, cadenas de frío), poca capacitación de la mano de obra en cuanto a procesos productivos, cadenas de intermediarios demasiado largas entre la recolección y su venta, entre otros. Luego, al llegar a las tiendas, si los productos no cumplen ciertos estándares de tamaño, peso o estética, pueden tirarse.

 

El camino hacia el desecho de alimentos no acaba ahí, también se pierden muchos productos cuando van a ser procesados, por no cumplir con ciertas particularidades. El hecho de llegar a los refrigeradores de los hogares tampoco garantiza su consumo total, resulta muy usual que frutas y verduras se pudran y se conviertan en deshechos. En hoteles y restaurantes el desperdicio también es alto.

 

Asimismo, esta situación también es preocupante debido al enorme impacto ecológico que tiene el desperdicio de comida. Según The Hunger Project (THP), este círculo vicioso implica el desperdicio de una inmensa cantidad de agua, proporcional a 10 veces el caudal del río Usumacinta (106 mil km de superficie) que nace en Guatemala y desemboca en el Golfo de México. Por otro lado, el desperdicio mundial genera casi 3.3 giga toneladas de gases efecto invernadero.

 

¡SOS por el aprovechamiento de los alimentos!

 

Resulta incalculable la cantidad de alimentos, preparados y frescos, que se pierden. Las cifras son tan alarmantes que se calcula que podrían garantizar, a nivel global, la seguridad alimentaria de 690 millones de personas. Se trata de un asunto prioritario en la Agenda 2030 de la ONU: el ODS 12 marca la ruta para “Reducir a la mitad el desperdicio de alimentos”. En 2019, incluso, fue instituido el 29 de septiembre como el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. 

 

Además, la crisis sanitaria COVID-19 ha aumentado el riesgo de revertir los avances de los últimos 10 años en materia de desperdicio y seguridad alimentaria de las poblaciones más vulnerables.

 

En el ámbito personal, cada individuo debe sensibilizarse y tomar responsabilidad frente a lo que está sucediendo. Se puede empezar por comprar en tiendas locales, consumir alimentos de temporada, apoyar el comercio justo y las iniciativas de agricultura comunitaria, para evitar que los alimentos tengan que viajar innecesariamente largos trayectos. Se trata de pequeños cambios individuales y cotidianos que pueden hacer una verdadera diferencia.

 

Por todo esto, este es un asunto prioritario para el trabajo que desempeña Inversión Social de Nacional Monte de Piedad para contribuir al desarrollo sostenible de México. Este es un llamado urgente para que, desde cada trinchera, se haga profunda conciencia sobre esta problemática y se tomen acciones para combatirla.

 

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